Descripción Física de Las Cuevas
Debido a que está nublado, es poca la luz que entra en las cuevas, por lo que su aspecto es más real, más afín a lo que un día fueron, una vivienda. Los lugareños dicen que era mejor vivir en estos agujeros ganados al cerro, que en invierno no hacía frío, que en verano no sentías calor, etc… pero lo cierto es que los pocos que quedaban habitando estos espacios ya han optado por el adosado con parcela y aire acondicionado. Me figuro que si han cambiado será para estar mejor, no para estar jodidos. En este caso, Las Cuevas se convirtieron en un local de hostelería, y yo en su explotador. Y menuda putada. Pero sigamos con las descripción física, para que os hagáis una idea de cómo es este lugar en el que me hallo mientras escribo estas líneas. A pie de la calle Jabonería, en la acera izquierda, nos encontramos con un cartel en el que se lee Mesón Las Cuevas. Ocupa una fachada de unos 8 metros, de hierro forjado y con columnas de piedra. En el primer tercio está la puerta de acceso al jardín o patio. En él podemos distinguir dos almendros y cuatro manzanos, así como decenas de matas de hierbabuena y albahaca rodeando los troncos de los árboles. Debo reconocer que también podemos ver malahierba que no he tenido cojones de erradicar. Con esta flora, convive la fauna, fauna compuesta por hormigas durante todo el año y mosquitos en verano. Mis amigas las lagartijas me ayudan en el proceso de disminuir la población de estos insectos. Es una pena que no puedan espantar a otros insectos de aspecto más humano, pero que no dejan de ser insectos los cabrones. Al adentrarnos por el patio llegamos a la fachada, propiamente dicha, de Las Cuevas, en adelante LC. Es blanca, pero no encalada, es pintura plástica, que dura más tiempo y aguanta la lluvia y tal. Mil doscientos euros me cobró el pintor la primavera pasada por el trabajillo, y el cabrón no ha sido capaz de venir a tomar una jodida caña todavía. Pero las cervecitas que yo le sacaba mientras pegaba con el rodillo sí que las aceptaba. Si lo llego a saber, aviso a otro pintor para la chapuza ésta. En el centro de la fachada encontramos la puerta que da al interior del mesón. Es de madera, madera fea y barata con unas vidrieras horteras que parecen salidas de la Catedral de Toledo. En este momento las estoy mirando y me resultan aún más horrorosas, debería estar prohibido vender cristales así. El caso es que ya estaba así cuando yo entré aquí, y aún no he tenido la pasta necesaria para cambiarlo, y no sé si lo haré. Abrimos la puerta, y lo primero que tenemos que hacer es tener cuidado para no clavar los dientes en el suelo, ya que de repente nos topamos con dos escalones hacia abajo que nos llevan al suelo, suelo rústico, no uniforme, como si fueran ladrillos pegados al suelo, o explicado de otra manera, una putada para barrer y fregar. Para este suelo no existe producto químico ni fregona alguna. El gracioso de Mr. Proper aquí nunca estuvo, y el Mayordomo menos, pero el cabronazo del Inspector de Sanidad viene cuando le da la gana y me mete unos paquetes de la hostia porque el suelo no está dentro de los parámetros de limpieza deseables.
Continuará…..
